BARCELONA-- Los principales artistas líricos catalanes, Montserrat Caballé, Jaume Aragall,
Joan Pons y Josep Carreras, han sido invitados a participar en la temporada
inaugural del nuevo Liceu, bien como integrantes de los repartos de las óperas
programadas o bien como protagonistas de conciertos y recitales. Muy
vinculados sentimental y artísticamente al coliseo de Barcelona, donde han
desarrollado buena parte de sus brillantes carreras, los cuatro intérpretes
destacan la belleza y la complejidad técnica del nuevo teatro a la par que le
desean un brillante futuro.
La soprano Montserrat Caballé será una de las primeras en actuar en el
Liceu. Lo hará el próximo día 15, con un recital de arias de los románticos
belcantistas italianos --Donizetti, Bellini, Rossini-- y de autores franceses.
"Espero que el nuevo teatro sea capaz de crear entre los ciudadanos
la misma ilusión y estimación por la música que el antiguo --declara
Caballé--. Parece que ya se ha comenzado a conseguir ese objetivo, a
tenor del gran incremento de abonados que se ha registrado". El espacio
físico le gusta. "El escenario ha quedado de maravilla, y eso permitirá
preparar mucho mejor los espectáculos desde el punto de vista técnico",
afirma.
Mejoras espectaculares
Jaume Aragall actuará dos veces durante la primera temporada del nuevo
Liceu, en un recital de canción italiana, a finales del presente mes, y en el
Réquiem de Verdi, en diciembre. "El edificio es precioso y el escenario
incorpora las innovaciones técnicas que necesita un teatro de ópera hoy
en día, asegura, y añade: "Confío en que no se dé aquí, ni en ningún otro
teatro español, lo que ocurrió en cierto momento en Italia, cuando casi
todos los gerentes teatrales eran políticos que lo ignoraban todo sobre
la ópera. Los teatros están de suerte si sus responsables tienen amplios
conocimientos sobre la música, la voz y las puestas en escena".
El tenor barcelonés espera que el nuevo teatro tenga una buena dirección
artística, una buena gerencia y una buena administración económica. "El
dinero se ha de invertir en producciones, cantantes y músicos de
categoría, que interesen al público, y no simplemente en una política de
aparador. Todos se han de esmerar en la nueva etapa del teatro",
comenta Aragall.
El barítono menorquín Joan Pons acaba de participar en el Metropolitan de
Nueva York en una triunfal inauguración de la temporada con Pagliacci . Su
aportación a la apertura del Liceu se concretará con un recital previsto para el
próximo mes de enero. Las primeras óperas en que intervendrá serán Aida y La
traviata , de Verdi, en el 2001.
Pons se manifiesta esperanzado sobre la nueva etapa del Liceu. "Hemos de
dar a sus responsables un margen de confianza de un año o dos antes
de poder entrar a valorar su trabajo", precisa.
El tenor Josep Carreras no podrá asistir a la gala inaugural. "Estaré en
Nueva York, pero en cuanto vuelva, lo primero que haré es ir al Liceu".
Aclara que se ha comprado un abono. "Me gusta saber siempre que
dispongo de un lugar en concreto, lo mismo que cuando voy a ver al
Barça". Desde que se produjo el incendio, el tenor catalán no ha querido visitar
el teatro. "No me vi capaz de enfrentarme a algo tan triste y he preferido
esperar", comenta.
Carreras actuará en el reinaugurado Liceu el próximo junio, con Sly , de Wolf
Ferrari, la segunda ópera del siglo XX de esta temporada, después de El cas
Makropoulos , de Janacek. "Estoy emocionado de volver a cantar después
de 30 años y de hacerlo con una ópera que nunca se ha puesto en
escena en Barcelona". Para el artista "es maravilloso que un símbolo de
la cultura catalana como es este teatro reabra sus puertas con aires
renovadores".
Los cambios de la afición, los gustos y el ambiente
El tenor Jaume Aragall considera que la afición operística ha aumentado
significativamente desde los años 60. "La juventud de ahora muestra
muchas ganas de escuchar música y buenas voces, y de ver
espectáculos sugestivos", afirma el tenor.
Tanto Aragall como Caballé destacan que el estilo de los espectadores del
Liceu ha cambiado mucho desde la década de 1960, cuando "había un
ambiente muy entusiasta y elitista desde el punto de vista artístico",
según la soprano.
Carreras cree que aquí "la tradición lírica es extraordinaria" y espera que
las mejoras sirvan para que "la juventud se acerque a ese espectáculo por
antonomasia que es la ópera, en donde caben todas las artes".
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