El tenor abrió el recital con la canción "La meva ciutat", de Parera Fons, y finalizó con "Amics per sempre"
Josep Carreras cantó anoche en el Camp Nou ante un auditorio de ochenta mil espectadores
BARCELONA-- Pasaban unos minutos de las nueve de la noche de ayer y el socio del FC
Barcelona Josep Carreras Coll, con carnet número 49.109 -al día en el
pago de sus cuotas-, saltaba al césped del Camp Nou enfundado en un
sobrio pero elegante esmoquin y dispuesto a cumplir un viejo sueño.
¿Arrojarse en plancha y marcarle el sexto gol al Real Madrid, como
soñaba versificando despierto otro ilustre barcelonista, José Agustín
Goytisolo Gay, en el poema "Quiero todo esto"?
Ante 80.000 espectadores, los ochenta y dos profesores de la Royal Opera House
atacaron los primeros acordes de la canción "La meva ciutat" del maestro Parera
Fons, abrió la boca el socio Carreras y se plasmó, con una contundencia de
doscientos mil vatios, el sueño soñado por el tenor azulgrana internacional: cantar
en el estadio del Barça.
"La luna nova" de Costa; "Malinconia d'amore", de D'Anzi; la "Musica prohibita", de
Gastaldon; el "Rossinyol" -que cantaron solamente las corales- y la "Manha de
Carnaval", canción que el tenor dedicó, en sus primeras palabras al público, "a
todos los deportistas del club en todas las disciplinas y secciones, desde Joan
Gamper hasta el último alevín que se haya incorporado". Los aficionados a la lírica
balompédica que llenaban el Camp Nou jalearon efusivamente las sucesivas
"jugadas" del tenor, sus brillantes "galopadas" por la banda sinfónica, los "regates"
armónicos al acercarse al aria, perdón, al área contraria, y sus eficaces "cambios
de juego" con las ciento veinte voces de las corales Sant Jordi y Cantiga, que
"jugaron" con eficacia y limpieza (los 800 m3 de escenario facilitaron su buena
colocación).
Se llegó a la media parte del recital del centenario con una clara sensación de
victoria. Tal vez para conjurar el fantasma de recientes sinsabores paneuropeos,
Carreras sacó a relucir en la segunda parte un infalible arsenal: "Torna a Surriento"
de De Curtis, "A Vucchella" de Tosti, el "Va pensiero" de "Nabucco", dos piezas de
rancios sabores ibéricos -"Aranjuez" de Joaquín Rodrigo y "Granada" de Lara, que
por suerte no la tituló "Sevilla". Les siguieron dos de las melodías catalanas por
antonomasia: "El cant dels ocells" y "Rosó", del maestro Ribes, que llevaron un
contenido delirio a las gradas en forma de arrobo e hicieron verter más de una
"furtiva lácrima", remantando la jugada con el "O sole mio". Después de desear una
pronta recuperación al presidente Ñúñez entonó "L'emigrant", lo que provocó la
catarsis colectiva con encendida masiva de mecheros.
En la recta final del concierto, planteado como un regalo al club a sus socios -y
disfrutado por el tenor como un regalo a sí mismo-, Carreras invitó al escenario a
una joven promesa de la lírica catalana, la soprano Mireia Casas, junto a la que
interpretó por dos veces una canción que no puede juzgarse por sus méritos
artísticos, ni en su dimensión literaria o musical, y que atiende al fraternal título de
"Amics per sempre". Con este recuerdo de los JJ.OO., el socio número 49.109 del
FCB concluyó una de sus noches más hermosas.
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