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José Carreras, la voz privilegiada de un gran hombre
By Carlos Gomez Amat


Von Karajan quedó deslumbrado por su canto. Su repertorio, rico en matices, le ha situado entre los «grandes» de la ópera

MADRID.- Hace poco tiempo, a principios de noviembre, José Carreras recibió en Viena el Premio Social Mundial, en la celebración del Día Mundial del Hombre. La iniciativa es plural, de varias organizaciones, pero fue Mijail Gorbachov, presidente de la Fundación que lleva su nombre, quien entregó a Carreras la estatuilla.

El premio citado no es más que un ejemplo de los muchos que ha recibido por su labor filantrópica, pero también han sido muchos los triunfos y premios, siempre merecidos, a su voz y a la inteligencia con que la maneja. Nunca ha sido Carreras un cantante arrollador, como sus ilustres compañeros en el célebre trío, Plácido Domingo -al que considera el mejor del mundo- y Luciano Pavarotti. Sus cualidades van por otro lado. El bellísimo timbre, la sensibilidad, el fraseo delicado y claro, y la fidelidad a la intención del compositor.

Todo ello hace de Carreras una de las mayores figuras del siglo XX en su cuerda. Se siente muy a gusto en el papel de Nemorino, del Elisir d'amore, preciosa ópera bufa de Donizetti, con la que debutó en el Covent Garden en 1975. El enamorado labrador, joven sencillo, que nos emociona con su «furtiva lágrima» parece hecho a la medida del tenor catalán. Con intérpretes como éste, se conserva mucho más vivo el Donizetti alegre que el melodramático.

José Carreras nació en Barcelona el 5 de diciembre de 1946. De niño, tuvo una maravillosa voz de soprano. Cuando tenía 11 años, el prestigiosísimo José Iturbi, famoso pianista y director, le escogió para que cantara el Trujamán de El retablo de Maese Pedro de Falla, en el Gran Teatro del Liceo, que el muchacho conocía ya como apasionado espectador. Cambió la voz, y a los 17 años, después de estudiar Química en la Universidad de Barcelona, se entregó por completo a su vocación musical, ingresando en el Conservatorio.

En 1970 debutó en el Liceo con Nabucco, de Verdi. Un año después era galardonado en el Concurso Verdi de Bussetto. Desde su actuación en Padua, su fuerza fue creciendo. Montserrat Caballé fue decisiva en su carrera, ya que le hizo cantar con ella en Londres. Rafael Frühbeck de Burgos le había contratado para cantar en Madrid el Réquiem verdiano. Desde 1972 empezó a actuar en todos los teatros de ópera del mundo. Su relación con Herbert von Karajan comenzó en Salzburgo en 1976. Ha trabajado con los mejores directores musicales y con los escénicos más destacados: Visconti, Zefirelli y Strehler.

Carreras ha escrito: «La ópera es la razón de mi vida. Es mi forma de expresarme y me considero privilegiado por tener la posibilidad de hacerlo». Pero además de la ópera de gran repertorio, el cantante extiende su actividad hasta la canción más popular y obras teatrales como West Side Story, de Bernstein, al que admira sinceramente.

La opinión de Karajan era bien significativa: «José Carreras es mi tenor preferido y no tengo dificultad en reconocerlo. Se dice que yo le catapulté a la fama con Don Carlo. Pero la verdad es que está dotado de forma excepcional. Año tras año le he invitado a participar en mis festivales, con su repertorio de obras románticas y veristas. Su versión del Don José en Carmen ha contribuido a configurar su inconfundible personalidad».

Trayectoria triunfal

En el cine, se recuerda su interpretación del personaje de Julián Gayarre en la película Romanza final, que dirigió José María Forqué en 1986. Es sólo un aspecto de una carrera triunfal, fruto de las condiciones naturales, pero también de la vocación profunda y del trabajo incansable, venciendo todos los obstáculos, aun los más graves. Uno de sus álbumes se titula El placer de cantar. Y es que Carreras ha hecho del canto una especie de religión personal.

La opinión de Carreras sobre la crítica es clara y sincera: «Hay gente honesta que hace crítica constructiva. Son los menos y a estos críticos les hacemos caso los profesionales. Estemos o no de acuerdo. Pero hay otros críticos que son una pandilla de oportunistas. Esta clase de gente no me merece ningún respeto».En fin, que conviene distinguir entre los críticos de verdad y esos otros que se las dan de terribles y administran palos -de ciego- creyendo que así son mejores jueces.

Copyright © 2000 El diario EL MUNDO


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Source: El diario EL MUNDO
Date Published: December 18, 2000
URL: http://www.el-mundo.es/2000/12/18/cultura/18N0022.html