Un músico extranjero ha denunciado que los tres tenores
españoles e internacionales -Domingo, Carreras, Pavarotti-
sobornan (según dice) a los acompañantes del coro para que
nunca suban la voz más que ellos (son más jóvenes y algunos
pueden). Ya lo dijo Verlaine: «De la música nace toda cosa».
Hasta el crimen.
Esas tres voces asombrosas o asombradas (el cantante ve a Dios)
siempre le ha parecido a uno que eran abusivas en su sindicato
del grito. A Monserrat Caballé y Alfredo Kraus, un suponer, los
tenían postergados, fuera de concurso, fuera de su gang lírico.
Más que un conjunto musical eran y son una multinacional del
ruido. Geniales, pero excesivos. Han traído a la música la Ley
Seca del divo. Domingo o el panadero con buen oído, Carreras o
el enfermo imaginario, Pavarotti o el genio italiano que es
toda una ópera él solo. Dicho de otro modo, Domingo o la voz
dominguera de España, Carreras o el artista romántico y feble,
Pavarotti o el corsario de todas las óperas, voz numerosa que
saquea los vestuarios. Nada de eso podría ser sin la
conformidad de unas masas orfeónicas que ellos no forman ni
atienden, sino que supeditan y ahogan, no vaya a ser que salga
otro con el gallo mejor impostado.
No creo tanto en la denuncia del denunciante como en el síntoma
raro de que esta adunación de grandes voces, esta conjura que
es una ópera, no se continúe y mejore en los nuevos. La
juventud viene pegando siempre y en todo, con la insolencia de
un talento que ignoran, pero que ya está ahí. ¿Qué hacen los
tres tenores, los tres terrores, por sus chicos y chicas?
Ayer decía uno aquí que la Naturaleza no es inocente. Tal que
hoy digo que ni siquiera la música es inocente. Cosa no muy
diferente pasa en la política, clave de nuestros desvelos.
Borrell era un chico de coro a quien prohibieron levantar
demasiado la voz. También a Almunia, cuando lo intentó. Y ahora
no dejan de vigilar a Zapatero, no vaya a ser que se crea
socialista. ¿Cuándo se ha visto un socialista con los ojos
azules? Siempre se ha dicho que Aznar es hermético y
autoritario porque teme a los contrincantes. Pero a los
contrincantes los puso él mismo, dentro del partido. A Fraga le
costó mucho encontrar un Aznar. Primero tuvo que probar con
ciento un dálmatas y Verstrynge de por medio. Del mismo modo, a
Aznar le va a costar mucho encontrar otro Aznar. Rato tiene
cara de número, Bono tiene los ojos de galán español de Cifesa
y Mayor Oreja tiene que ir al País Vasco en plan
sheriff/lehendakari, tipo hombre bueno, un Gary Cooper que
presenta libros indebidos.
En la literatura también pasa. Lo difícil no es llegar sino
seguir. A uno le amedrentan para que no se presente académico y
a otro para que en los concursos no vote Umbral, aunque siempre
hay quien vota, con un par. «La conciencia de un jurado nunca
quedará tranquila», me dijo hace mucho José Hierro, y ahora lo
reproduce EL MUNDO. Y eso que sólo se trataba de versillos y
flores naturales de plexiglás.
Pero en la ópera se trata de millones.
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