El tenor Josep Carreras cantará el domingo en Roma ante 19 premios Nobel
Su voz llenará la basílica de Santa María de los
Ángeles, de Roma, en un concierto en favor de
la paz. El tenor Josep Carreras, acompañado por
la orquesta filarmónica de Roma y el coro de la
capilla Julia de la basílica de San Pedro del
Vaticano, interpretará música sacra de Verdi,
Puccini, Franck, Schubert, Stadella, Bizet,
Mozart y Bernstein en un recital promovido por la
fundación que preside el ex primer mandatario
soviético Mijail Gorbachev y que coincide con la
reunión que mantendrán en la capital italiana
personas e instituciones que han recibido el
premio Nobel de la Paz, entre ellos Shimon
Peres, Lech Walesa, Federik de Klerk, Adolfo
Pérez Esquivel y el propio Gorbachev.
Tal vez los organizadores del acto han pensado
en aquello de que la música amansa a las fieras
y confíen que además de reuniones
maratonianas, noches en vela, teléfonos rojos o blancos sacando humo por los
auriculares y comunicados en favor de la paz, una buena forma de abogar por la
concordia sea organizar un concierto con un protagonista especial, tan especial
como el tenor catalán, que siempre ha sostenido que la música puede jugar un
papel determinante en el ámbito de la solidaridad.
Sin duda es una quimera pensar que con esta iniciativa los Nobel de la Paz
conseguirán frenar litigios o limar algo más que asperezas. Se trata de uno de los
muchos actos simbólicos que buscan complicidades, que pretenden crear un
estado de opinión y lanzar un nuevo clamor ante un mundo que parece sumido en
un diálogo de sordos. Porque los galardonados, además de asistir al concierto,
tienen previsto reunirse para debatir cuestiones tan analizadas, pero no por ello
solventadas, como la deuda exterior de los países pobres, la globalización y la
prevención de conflictos. Y el encuentro, como no podía ser de otra manera, se
suma a los muchos otros que durante este año del jubileo se dan cita en Roma.
Sus voces, al igual que la de Carreras, merece la pena oírlas, aunque nada más
sea porque cada uno de ellos fue, en un determinado momento, una figura clave
en la esfera internacional y un referente político o social. Ahora, alejados de la
política cotidiana, incluso con poco reconocimiento en sus respectivos países,
sus aportaciones podrían llamar más la atención que cuando estaban en la
primera línea de la actividad pública y quién sabe si tendrán más capacidad para
insuflar algo de ánimo a una conciencia colectiva que anda algo renqueante.
Josep Carreras explicaba hace tiempo que cuando uno le ha visto las orejas al
lobo piensa que nunca más volverá a repetir determinados errores. Pese a que el
ser humano es el animal que más veces tropieza en la misma piedra, Carreras,
como algunos otros, aprendió de su experiencia personal a valorar algo tan
importante como la solidaridad y puso su empeño en crear un instrumento como
la fundación internacional que lleva su nombre para que la ciencia avanzara en el
camino de la lucha contra la leucemia. Hoy, su labor en favor de la fundación le
llena tanto o más que su trabajo como cantante.
Merecería la pena que mientras se escucha el concierto de Roma, que será
retransmitido en directo por Mundovisión, la voz del tenor no sólo sirviera para
deleitar la audición de los amantes de la música y de los Nobel asistentes a él,
mismo, sino que también llenara de contenido palabras hoy tan gastadas, por su
abuso y exceso de incumplimiento de su significado, como solidaridad, paz,
concordia o pobreza, por citar unas cuantas.
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