José Carreras
Intérpretes: José Carreras (tenor), Lorenzo Bajav (piano). Obras de varios autores. Lugar:
Plaza de la Catedral (Zamora). Fecha: 7 de septiembre de 2001.
Ante el despliegue de elogios vertido en el lujoso programa del concierto, en el que sin embargo no se hacía ninguna referencia a los compositores, esta opinión no quiere aguar el magno acontecimiento sino ofrecer algunas puntualizaciones a lo acontecido en torno a él.
Para empezar, es muy dudoso que se haya contribuido a difundir la ópera -como el propio Carreras expresó en Zamora- con espectáculos como el de los tres tenores; lo que desde luego es seguro es que el concierto del viernes no contribuirá a ello, ya que el tenor no cantó ni un solo aria de ópera.
Tampoco es buen ejemplo que se nos privara de la gama de matices que la voz de Carreras tiene, al ofrecer el concierto con micrófono y aumentar así los ruidos extraños y los golpes de aire, cambiando la dinámica natural de la voz.
Y mucho menos amplificar un piano Stenway. Estos hechos contribuyen a adulterar el concepto tanto de la ópera como del recital.
Y, ya centrados en el contenido musical, hay que decir que Carreras cantó bien, muy bien en algunos momentos. A ello contribuyó la sabia elección del programa, amable de escritura sin asomarse ninguna de las canciones al peligroso acantilado de los agudos.
Las melodías contribuyeron a mostrar las virtudes del tenor: su fraseo, su calidez expresiva y su musicalidad. Dos breves piezas de Costa para calentar, dieron paso a las más encendidas de Tosti. Carreras vertió en ellas las primeras gotas de su capacidad comunicativa expresada con emoción en 'Non t'amo piu' y 'L'ultima canzione'.
Vinieron después las más conocidas del público, la triste y poética 'Alfonsina y el mar' de Ariel Ramírez y la 'Andaluza' de Granados', transcrita para voz en 1931 y utilizada para crear un clima de atmósfera inequívocamente española.
En las últimas canciones Carreras cantó con mucho sentimiento, principalmente en 'Vurria' de Rendine y 'Serenata' de Toselli; en ellas la fuerza se asienta en el registro medio, lo que le permitió sin apenas esfuerzo conectar con el auditorio, además de mostrar una afinación irreprochable.
El público aplaudió generosamente, correspondiendo el tenor con tres propinas, alguna tan conocida como el segundo movimiento del Concierto de Aranjuez o la célebre, 'Granada' de Agustín Lara, en la que Carreras tuvo la suficiente habilidad para salvar el único escollo del agudo final.
Mención especial para el pianista Lorenzo Bavaj que mostró siempre una perfecta conjunción con el tenor y que lució claro fraseo en el 'Vals lúgubre' de Rossini.
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